EL USUFRUCTO Y SUS DESVENTAJAS

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El usufructo y sus desventajas. Una de las fórmulas recurrentes que existe a la hora del reparto de una herencia tras la muerte de uno de los cónyuges, con el fin de proteger al cónyuge sobreviviente hasta su fallecimiento y evitar así que éste pueda tener algún tipo de carencias, es la utilización del usufructo. Esta utilización del usufructo es algo favorecen las diferentes normativas civiles que se aplican a lo largo de los diferentes territorios del Estado Español. Voy a intentar explicar aquí, tal y como ya avancé en el artículo anterior, Valoración del usufructo y ejemplo de cálculo, porqué bajo mi punto de vista, y en función de mi experiencia, no se trata de una opción óptima tanto desde el punto de vista patrimonial como fiscal, poniendo un ejemplo numérico que justifique mi desafección hacia dicha fórmula. También explicaré por encima otras maneras de llegar al mismo objetivo de protección del cónyuge sobreviviente, pero sin sufrir esa penalización fiscal tan extrema.

el usufructo y sus desventajas

Desventajas del usufructo

Según mi criterio el usufructo presenta dos tipos de desventajas.

 

En primer lugar las inherentes a la propia definición del mismo, es decir, esa separación del bien supone por una parte que la persona que ostenta el usufructo tenga el derecho a usar la cosa y a percibir sus frutos, pero no a la plena disposición de la misma, motivo por el cual encuentra en cierta manera coartadas sus posibilidades de explotación del bien. Por otra parte, el nudo propietario tiene la propiedad de la cosa pero no va a poder usarla ni beneficiarse de la misma, por lo que hasta la fecha de extinción del usufructo, a efectos prácticos es como si no tuviera nada. Es decir, ambos tienen una parte del bien pero no pueden explotarlo en toda su extensión y obtener la máxima rentabilidad del mismo, ya que no tienen su libre disposición, lo que supone claramente una ineficiencia a nivel patrimonial.

 

En segundo lugar, las derivadas de su alto coste fiscal tal y como veremos en el siguiente ejemplo. Este alto coste fiscal parte de la poca tradición de realización de una planificación sucesoria familiar, que hace que a la hora de realizar un testamento se siga la fórmula de “lo de un cónyuge para el otro tras el fallecimiento del primero, y todo para los hijos tras el fallecimiento del segundo”, algo que de acuerdo a las legislaciones civiles existentes favorece la constitución de usufructos sobre los bienes.

 

Ejemplo del coste fiscal del usufructo

Para ver la ineficiencia fiscal que supone la utilización del usufructo voy a poner como ejemplo un caso análogo a uno que he visto no hace mucho.

 

Tras el fallecimiento de uno de los cónyuges en el año 2000, una segunda vivienda valorada en 80.000€ de la que disponía el matrimonio se asignó en usufructo a la cónyuge sobreviviente, otorgándose la nuda propiedad a los dos hijos del mismo. El usufructo en cuestión tuvo una valoración del 10% del valor de la propiedad, es decir, 8.000€, mientras que la valoración de la nuda propiedad de cada uno de los hijos ascendió a 36.000€.

 

La idea de los hijos era que la madre dispusiera de la citada vivienda hasta su fallecimiento, para tras este proceder a la venta de la misma e invertir en otros activos el dinero obtenido.

 

En el año 2010 falleció la madre, y tras liquidar el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones correspondiente y consolidar el dominio de la totalidad de la vivienda, los hijos procedieron seguidamente a la venta de la misma, obteniendo por ella 160.000€ (que es la valoración que le dieron en la consolidación del dominio).

 

A la hora de tributar por la ganancia patrimonial obtenida lo tuvieron que hacer por la diferencia entre el valor de venta y el valor de adquisición de la misma (que es el valor atribuido a la vivienda en el momento de adquirir la nuda propiedad y no como pensaban ellos el valor que le dieron a la hora de consolidar el dominio, valor que hacia que la ganancia, y por tanto la tributación fuera de 0€). A este valor de adquisición se le aplicó el coeficiente de actualización correspondiente de acuerdo a lo que marcaban los Presupuestos Generales del Estado para el 2010.

 

Así pues, la ganancia patrimonial fue de:

160.000€ – (80.000 x 1,2070) = 160.000 – 96.560 = 63.440€, es decir, 31.720€ para cada uno.

 

Decir que 1,2070 era el coeficiente de actualización en el año 2010 para las transmisiones de bienes inmuebles no afectos a actividades económicas adquiridos en el año 2000. Señalar también que a partir del 2015, con la entrada de la reforma fiscal y la eliminación de los coeficientes de actualización, este valor ya no existirá y por tanto las ganancias patrimoniales por las que tributar a partir de ese momento resultarán mayores a las que se tenían hasta ahora.

 

Por esta ganancia patrimonial tuvieron que tributar en el año 2000 un 19% por los primeros 6.000€ y un 21% por el resto hasta los 31.720€. Es decir, 1.140€ + 5.401,2€ = 6.541,2€ cada uno.

 

Esta alta tributación podría haberse evitado de haber realizado otra asignación de bienes tras el fallecimiento del primer cónyuge. En este caso, y teniendo in mente que lo que se quería hacer con esa segunda vivienda era venderla tras el fallecimiento del otro cónyuge, lo más óptimo fiscalmente hablando hubiera sido asignársela en su totalidad al cónyuge sobreviviente en primera instancia, para obtener el pleno dominio y proceder a su venta tras el fallecimiento de este, lo que hubiera resultado tanto en una ganancia patrimonial como en una tributación nula, ya que aquí el valor de adquisición hubieran sido los 160.000€ otorgados a la vivienda en la liquidación sucesoria de este segundo cónyuge. Cabe señalar que obviamente, de acuerdo a lo dispuesto en el testamento y a la leyes civiles, el no haber otorgado a los hijos la nuda propiedad de esa segunda vivienda hubiera significado la asignación a éstos de otros bienes del caudal hereditario del primer cónyuge, intentando evitar también la figura del usufructo, cosa que en este caso era perfectamente posible de acuerdo a los bienes de que disponía el matrimonio.

 

Alternativas al usufructo

Uno de los atractivos del usufructo es que tras el fallecimiento de uno de los cónyuges da la sensación que, hasta que se produzca el fallecimiento del segundo cónyuge, todo sigue igual en cuanto a la propiedad de los bienes, cuando acabamos de ver que realmente esto no es así y que tiene unas consecuencias fiscales notables. 

 

La mejor opción y que menos problemas presenta para la repartición de una herencia, tanto desde el punto fiscal como desde el punto de vista de minorar los problemas a la hora de llegar a un acuerdo para el reparto de los bienes entre los herederos, es sin duda la asignación directa de los bienes a cada uno de los mismos. Esta asignación directa de los bienes, conjuntamente con una planificación sucesoria adecuada, trae consigo un ahorro fiscal notabilísimo no reñido en ningún caso con la protección siempre deseada de nuestros mayores.

 

Una de las fórmulas alternativas al usufructo que se puede utilizar tras la asignación directa de bienes en el reparto de una herencia, y que protege a nuestros mayores, es el establecimiento de la obligatoriedad de pasar una determinada cantidad económica al cónyuge sobreviviente hasta su fallecimiento, lo que resulta en un mismo efecto proteccionista hacia el mismo, pero en un menor coste fiscal y en una mayor eficiencia económica en términos de rentabilidad patrimonial.







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Posted in Fiscalidad.

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